La polémica de la escalera: ¿Derribará Barcelona 1.000 viviendas para terminar la obra maestra de Gaudí?

El conflicto entre la Sagrada Familia y los vecinos

Imagina que compras una vivienda en una de las ciudades más bonitas del mundo, y que años más tarde te dicen que está previsto que la gran entrada de una catedral atraviese tu salón. Suena a pesadilla, pero para 3.000 residentes de Barcelona es una realidad que viven en primera persona.

El año 2026 es un hito para la Sagrada Familia, ya que la torre central de Jesucristo alcanzará por fin una altura sin precedentes. El mundo observa con asombro, pero justo al otro lado de la calle se está desarrollando una historia diferente. La Fundación Sagrada Familia tiene previsto construir una escalinata de 60 metros de ancho que conecte la basílica con la Avenida Diagonal. Para despejar el camino, proponen planes que implicarían la posible demolición de varias manzanas ya construidas, lo que desplazaría a unas 3.000 personas y afectaría a unas 50 empresas locales. Mientras que la iglesia sostiene que completar la visión de Gaudí es una obligación histórica, los vecinos se defienden ante los tribunales, alegando que tienen derecho a conservar sus viviendas, adquiridas legalmente. Con el Ayuntamiento de Barcelona en medio, el destino de todo un barrio pende de un hilo.

El asunto ha suscitado innumerables debates, y la pregunta sigue siendo: ¿justifica la conservación del patrimonio cultural la destrucción de la comunidad circundante?

Por qué los vecinos de la Sagrada Familia han presentado una demanda para quedarse

Esto es lo que sabemos hasta ahora sobre los orígenes de este conflicto:

1975 – Construcción legal de los bloques de viviendas: El Ayuntamiento de Barcelona concedió licencias de obra municipales oficiales y legales para los bloques de viviendas situados justo frente a la Fachada de la Gloria, incluido el gran edificio de Núñez y Navarro.

1976 – El conflicto urbanístico: Apenas un año después, el ayuntamiento aprobó un plan urbanístico denominado Plan General Metropolitano (PGM). Este plan reservaba oficialmente ese mismo espacio sobre la calle de Mallorca para la futura escalinata de la Sagrada Família.

La década de 1980 – Compras a ciegas: Las familias adquirieron estos pisos a lo largo de finales de la década de 1970 y la década de 1980. Dado que los edificios contaban con permisos válidos de 1975, no figuraba ninguna advertencia en las escrituras de propiedad que indicara que el ayuntamiento ya había recalificado su manzana para su futura demolición.

1992 – La cruda realidad: Muchos residentes vivieron durante años sin tener ni idea de esto. En 1992, cuando Barcelona revisó los planes urbanísticos para prepararse para los Juegos Olímpicos de verano, el plan de ordenación urbanística de 1976 volvió a salir a la luz. Fue en ese momento cuando muchos residentes se dieron cuenta de que sus viviendas, adquiridas legalmente, estaban secretamente destinadas a una futura demolición para dejar espacio a la escalinata de la iglesia. Ese impactante descubrimiento transformó a los propietarios en una comunidad organizada, lo que desencadenó la batalla legal que se ha prolongado durante más de tres décadas. Salvador Barroso, actual presidente de la asociación de vecinos que lucha contra el desalojo, declaró públicamente que compró su piso en la década de los 80, pero que no se enteró del posible plan de demolición hasta 1992.

El enigma histórico: ¿qué quería realmente Gaudí?

Toda la justificación para el desmantelamiento de los bloques de viviendas se basa en un hecho histórico controvertido.

  • El argumento de la Basílica: la junta constructora de la iglesia insiste en que el plan maestro de Antoni Gaudí de 1915 siempre incluyó esta enorme escalera.
  • La prueba que falta: el problema es que las maquetas originales en yeso en 3D y los planos de Gaudí se destruyeron en un incendio provocado por anarquistas durante la Guerra Civil Española en 1936. Los arquitectos actuales trabajan a partir de fragmentos reconstruidos.
  • La prueba contraria del barrio: La defensa de los vecinos se basa en un memorándum de 1975 del Ministerio de Cultura, en el que se explicaba que los primeros planos de Gaudí, de 1885, situaban la basílica íntegramente en su propia manzana, sin extenderse a las calles. Dado que los bocetos posteriores se destruyeron en el incendio, no hay pruebas fehacientes de que tuviera intención alguna de ampliar el edificio. El Ministerio concluyó que la controvertida escalera de 60 metros era probablemente una invención añadida posteriormente por sus seguidores.

Respetando el horizonte

Antoni Gaudí insistió en que la Sagrada Familia nunca debía ser más alta que Montjuïc, una colina de la zona que alcanza los 185 metros. Creía que ninguna estructura construida por el hombre debía elevarse por encima de las creaciones naturales de Dios. Con sus 172,5 metros, la nueva torre central respeta este límite, lo que demuestra que, incluso en sus diseños más atrevidos, Gaudí valoraba la humildad.

La UNESCO y el dilema del patrimonio

A la polémica se suma el hecho de que la basílica sea Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Sin embargo, la UNESCO solo protege las partes más antiguas de la iglesia que Gaudí construyó en vida (la Cripta y la Fachada de la Natividad). Aunque la UNESCO no tiene autoridad para impedir la construcción de la Fachada de la Gloria, supervisa cualquier impacto en el «valor universal excepcional» del lugar. La demolición de manzanas en pleno uso para construir una interpretación del siglo XXI de un controvertido boceto de 1915 coloca a la UNESCO en una situación delicada, lo que ha desencadenado intensos debates entre los españoles y la comunidad internacional.

El enfrentamiento político y los planes de reubicación

El Ayuntamiento de Barcelona, presidido por el alcalde Jaume Collboni, se encuentra en una encrucijada. Ha mantenido públicamente y de forma constante que la carga de este proyecto no puede recaer sobre la ciudad. En informes de alto nivel, incluida la cobertura de El País, se ha destacado que, si el proyecto de la escalera de la Fachada de la Gloria sigue adelante, la Junta de Obra de la Sagrada Familia sería responsable, tanto jurídica como económicamente, de todos los costes asociados al desplazamiento.

La Fundación Sagrada Familia, que recauda decenas de millones de euros al año gracias al turismo, ha indicado que cubriría los costes, aunque el Ayuntamiento aún no ha firmado un acuerdo definitivo y jurídicamente vinculante.

Curiosamente, la iglesia compró discretamente en 2019 una gran parcela de terreno vacía a solo una manzana de distancia. Aunque la iglesia afirmó que era solo para almacenamiento, muchos sospecharon que estaban sentando las bases logísticas para un futuro plan de reubicación.

La situación actual

El hito: el 20 de febrero de 2026, la Torre central de Jesucristo alcanzó su altura estructural total de 172,5 metros. La ciudad está ultimando los preparativos para una misa y una ceremonia conmemorativas que tendrán lugar el 10 de junio de 2026, fecha en la que se cumple el centenario de la muerte de Antoni Gaudí.

Lo que queda por construir: Aunque el exterior de las torres centrales ya está terminado, la basílica está lejos de estar acabada. Las obras se han centrado ahora en los detalles interiores y en la muy controvertida Fachada de la Gloria.

El punto muerto: La controversia sobre la gran escalinata de la Fachada de la Gloria sigue sin resolverse en absoluto. Aunque la basílica se centrará en los trabajos interiores hasta finales de la década de 2020, la escalinata es la cuestión principal que probablemente dominará la próxima década del proyecto, cuya finalización total se estima ahora para 2034-2035.

En última instancia, el poder para decidir el destino de la calle de Mallorca no recae en una sola persona, sino en el Ayuntamiento de Barcelona, que es el único órgano con autoridad legal para aprobar los permisos definitivos de demolición. Sin embargo, no actúan en el vacío. El proceso se encuentra actualmente en un punto muerto a tres bandas:

  1. La Fundación de la Sagrada Familia, que presiona para que se termine la basílica según su interpretación de la visión de Gaudí.
  2. La Asociación de Vecinos, que recurre al sistema judicial para impugnar la validez de dichos planes, dejando de hecho la «decisión final» en manos de los tribunales.
  3. El Ayuntamiento, que actúa como mediador a regañadientes, atrapado entre el deseo de completar un monumento de alcance mundial y el deber legal y moral de proteger a miles de ciudadanos cuyas viviendas están en peligro.

Los 136 años de supervisión de las licencias

En un giro irónico, la Sagrada Familia se construyó de forma ilegal durante 136 años, pero fue la decisión de 2019 de adquirir por fin una licencia de obras por valor de 4,6 millones de euros lo que desencadenó la actual amenaza legal de demoler el barrio circundante.

La cuestión ética definitiva: ¿el arte o las personas?

Esto nos lleva a la pregunta fundamental: ¿qué es más importante, el pasado de la ciudad o su gente?

Por un lado, tenemos la Sagrada Familia. Es un monumento de fama mundial, y muchos sostienen que terminarla es un deber histórico. Por otro lado están los vecinos de la calle de Mallorca, las personas que realmente viven en la ciudad y la hacen funcionar.

El destino de este barrio supone un serio reto para Barcelona. ¿Optará la ciudad por destruir viviendas reales para construir un monumento al pasado, o encontrará una forma de honrar el legado de Gaudí sin desplazar a las personas que viven a su sombra? En última instancia, Barcelona debe decidir si su verdadera esencia reside en sus emblemáticas agujas de piedra o en las personas que residen bajo ellas.

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